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María del Carmen Borda de Kondraski (Paysandú- Uruguay)

Su vida se reparte en su país natal, Uruguay y un país del norte, Canadá, Ontario, donde viven sus tres hijos y ella vivió varios años anteriormente.
Poeta, escritora y docente, se inició escribiendo para niños y adolescentes.
Esta es una recopilación de cuentos que, fue escribiendo a lo largo de su vida de maestra. Algunos de ellos ganadores de concursos literarios, y otros figuran en antologías latinoamericanas. Tiene doce libros editados, incursionando en: narrativa, cuentos, novela, teatro, ensayo y exclusivamente poesía. Tiene un libro bilingüe (español – inglés) y poesías traducidas al portugués, ganadora de un Fondo Concursable del MEC, categoría, ensayo.
Actualmente profesora del Taller Literario Aníbal Sampayo de la Intendencia de Paysandú, de niños, jóvenes y adultos. Profesora especializada en el MEC, cuatro años en Talleres en Letras, su vida actual dedicada totalmente a lo literario.
Gestora Cultural dedicando su tarea a promover e incentivar la lectura y el arte literario.

Artículo publicado por el TELEGRAFO de Paysandú sobre la OBRA
Blog: http://carmenborda.blogspot.com
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Pasajes de la Obra

[...Me emocionó la noticia y decidí ir, caminaba un tanto apurada para llegar pronto. En la puerta ya había gente, entré y caminé por aquel estar largo con ventanales de vidrios de colores. Llegué al patio, rodeado de plantas y pajareras vacías, en el medio un gran aljibe que, ahora estaba de decoración, aunque seguía hablando de otros tiempos. Era la primer persona que entraba, todo estaba demasiado silencioso, parecía irradiar una tristeza infinita y profunda.
Allá en el rincón estaba aquella planta de hojas grandes y aterciopeladas que daba flores anaranjadas como racimos.
Recuerdo aquella mañana ya hace tantos años atrás, cuando traía entre mis manos, apenas una plantita entre mis manos . Venía vestida de pollera escocesa, de buzo azul y zapatos de charol, usaba trenzas largas y corría para entrar primera y regalársela a la abuela..
La abuela estaba tan hermosa con su delantal lleno de harina, estaba amasando; oh aquellas manos empolvadas, las que tomaron la planta.
Al mediodía la mesa se puso en el patio, éramos tantos niños, tíos y tías, una mesa enorme de tradición italiana, los firretes de la abuela estaban exquisitos.
Después de almorzar, ella nos llamó, y rodeándola, plantamos esa pequeña planta, allí en esa esquina, mientras mi hermano más chico daba vueltas en el triciclo alrededor del aljibe.
Se oían los cantos de todos los canarios y cardenales en las pajareras de la abuela, no parecía una cárcel de pájaros sino un pequeño paraíso con troncos simuladores de árboles y monte.
De pronto la voz de un hombre me estremeció, era el rematador que ponía precios a aquellas cosas tan queridas. Me sentí impotente, todos los parientes querían su parte, y todo se desparramaría a distintos dueños esfumándose en el olvido.
Si yo fuera rica, si tuviera el dinero suficiente para comprar todo eso, era un caserón enorme de una belleza muy especial, muy conservada, con muebles señoriales, hasta habían quedado cuadros de antepasados que nadie quiso llevar, y que la abuela había hecho bellísimos cuentos sobre ellos.
No los quise ni mirar al salir, porque con sus miradas antiguas me estarían culpando.
Miré el patio con las baldosas blancas y negras, las pajareras vacías de cantos y alegrías. Me acerqué a la planta y le corté un gajito...]

* * *

[...El pozo estaba al costado, y de la rondana colgaba aún una cuerda deshecha.
De pronto me detuve en un cantero que, había sido un jardín y me emocionó una flor apenas abierta que luchaba por vivir y dar color y alegría ante tanta soledad, silencios y recuerdos.
Más aún me emocioné, cuando entre los yuyos se notaban algunos limoneros llenos de frutas.
Aún más increíble, allí debajo de un gran paraíso, había un banco y una mesa de material que invitaban a sentarme.
Tenía la frente traspirada, de lejos mi hijo me llamaba que el auto estaba pronto.
Puse la cabeza de la muñeca sobre la mesa y comencé a caminar, pero al darle la espalda una vocecita fina, temblorosa y miedosa me dijo: -no te vayas, no me dejes tú también.
Miré hacia la mesa y era de no creer, esa cabecita tan bella y sucia me estaba hablando y tenía lágrimas en los ojos.
Me senté, de pronto todo estaba impecable, el jardín lleno de flores, el pasto todo cortado, las ventanas impecables con cortinas amarillas.
Entré a la casa, había un olor a comida tan rica, y allí en la cocina una señora con un delantal, susurraba el ritmo de una canción mientras revolvía una olla.
Afuera un horno de barro, despedía un humito con un aroma rico a pan casero.
Se oían cacarear las gallinas anunciando los huevos que, recién habían puesto.
La mamá se limpiaba las manos con el delantal y cantando tendía las camas. ¿cuántos niños serían?.
Me llamó la atención, una cama donde yacía una linda muñeca con la misma cabecita de muñeca que, había encontrado entre los yuyos.
Por la ventana se veía a lo lejos tierra arada, otros pedazos ya sembrados, en un corral estaban las vacas que seguramente, serían las que, les daban la leche de todos los días....]

* * *

[....-¿Cómo te llamas?, me preguntó un hombre como de mi edad.
-Francisco, respondí. Allí comenzó una amistad que duraría toda la vida.
-Voy para Uruguay, al interior de ese país, tengo una hermana que me espera, trabaja en una fábrica textil y le va muy bien. Hoy llegó un barco al puerto, piden gente para descargar, vamos, quizás podemos hacernos de unos pesos para el viaje.
Y todo se dio, cuando me vi entrar en aquel caserón que, la hermana había heredado de un tío, con un patio lleno de plantas y con un aljibe en el medio.
Allí conocí a Carmen, la hermana de Renzo, no podía creer que alguien pudiera tener tan bellos ojos, nos enamoramos a primera vista. Los dos comenzamos a trabajar en la misma fábrica que ella, donde la mayoría eran compatriotas.
-No olvidaré cuando Carmen me trajo de regalo este mate con nuestros nombres grabados para toda la vida, también la bombilla llevaba su nombre.
Y me lo entregó diciéndome que, recién sería hijo de ese suelo cuando “cure” ese mate y lo comparta con la familia y amigos, me explicó sobre la planta del mate y la yerba.
-Así comencé esa costumbre, del que jamás pude desprenderme, y realmente me sentí hijo de este suelo que me dio trabajo, familia y seis hijos.
Ni la distancia ni el tiempo podrían borrar la imagen de aquellos dos seres “pioneros” que me hicieron comprender la esencia de esa costumbre de mi país. No era tan simple el hecho de “tomar mate”, era parte de una cultura, de una tradición que, unía a seres humanos en ruedas de diálogos, de amistad, de recuerdos y de sueños.
Y no era porque sí que, en la calle, en las fábricas, en la rambla, en la cancha, en los parques, en el campo y en la ciudad, la gente tome mate, es algo para compartir ese momento mágico que todos desean y esperan.
Hoy me había llegado la trágica noticia: el abuelo Francisco había muerto, al mes exacto del fallecimiento de la abuela Carmen....]