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Conrado Arbiza (Montevideo, 1954)
Posee una amplia experiencia en el ámbito del dibujo y el chiste gráfico, publicando su primera obra el 11 de octubre de 1984. Desde entonces sus trabajos han aparecido en distintos periódicos, primero en Montevideo, luego en el resto del país y ocasionalmente por el mundo.
Actualmente publica dos tiras cómicas (Froo y La madre que lo parió) en diversos diarios: La República y Últimas Noticias de Montevideo, El Telégrafo de Paysandú, Hoy Canelones, El Heraldo de Florida, Ecos de Trinidad, Irupe de Dolores, Diario El Este de Rocha, La República de Maldonado y de Salto. También ha escrito obras de teatro, obteniendo distintos premios por ello.“La hora del perejil” es una recopilación de sus mejores columnas que nos ofrecen una desafiante visión, aguda y crítica a la vez, acerca de nuestra realidad cotidiana, combinando extraordinariamente un texto breve y un chiste gráfico. Contado desde su punto de vista, “el de un perejil”, el presente libro nos empuja a pensarnos como uruguayos y a reflexionar sobre nuestra idiosincrasia.

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Pasajes de la Obra

En el Uruguay está prohibido por ley que la gente coma carne de caballo. Se matan al año miles de caballos, se los faena y se los exporta para Europa, en donde la gente la consume lo que acá no dejan. La carne de caballo uruguaya es buena para que se la coman los europeos pero no para los uruguayos. Viene a ser como una autodiscriminación. Ya que estamos en las carnes, digamos también que criamos caracoles, esos caracoles comunes que hay en el jardín. Se crían para exportarlos. Para nosotros es un asco, para los europeos es carne. Y también criamos ranas, solo se come las ancas de las ranas, no sé que se hace con el resto de la osamenta del pobre batracio. Para criar ranas hay que criar moscas que es su alimento básico. Las moscas son de nosotros, las ancas de ranas son ajenas. Y lo otro que prohibimos los uruguayos, esta es una ley no escrita, es venderles perros a los coreanos de los barcos pesqueros. Nosotros usamos a los perros de mascota y los coreanos los usan como asado. ¿No nos estaremos perdiendo el gran negocio al no exportar carne de perro?

INTERACTUAR

Interactuar es la palabrita de moda. Antes uno hablaba con la gente, se conversaba, se charlaba informalmente, se tomaban decisiones, se discutía, ahora resulta que lo que estábamos haciendo era interactuando, ¡Mirá vos que cosa! Interactuábamos todos. Antes, en lejanas épocas antiguas prehistóricas uno hacía una pregunta y otro respondía, ahora no se hace más eso, ni se pregunta ni se responde: se interactúa. Y si no estamos interactuando no estamos haciendo nada por más que creamos que hablamos con alguien o cosas parecidas. Lo que hacíamos antes era perder el tiempo, ahora no es más así, gracias a la moda, ahora por suerte lo que hacemos es perder el tiempo interactuando. ¿Y para qué interactuamos? Pues obviamente que para inventar alguna nueva palabrita de moda, hacer gárgaras con ella en cuanta reunión nos inviten, y pasar por gente moderna y actualizada.